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La venganza de las punks. Una historia feminista de la música de Poly Styrene a Pussy Riot
Vivien Goldman publica una recopilación de grupos integrados por mujeres a lo largo de la historia del punk.
Por Alicia Cuevas Publicado en Literatura, Música 0 Comentarios 9 min lectura
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Hablar de Vivien Goldman es hablar de punk. Periodista musical y música, vivió en primera persona el nacimiento del punk y formó parte del fenómeno musical y social que comenzó a finales de los setenta en Londres. La editorial Contra publica el libro en el que Goldman recopila la historia femenina de este género.

En cada uno de los cuatro bloques en que se divide este libro, encontrarás una lista de canciones de las diferentes artistas y grupos. Es imprescindible escucharlas para sumergirte del todo en la historia de cada una de ellas y entender el contexto musical y artístico en el que fueron creadas.

Todos conocemos a los grandes grupos del movimiento punk británico: The Clash, Sex Pistols, The Damned, Sham 69, Exploited…, pero ¿cuántos grupos conoces que contaran con mujeres entre sus filas? O más aún: ¿Cuántos estaban liderados por mujeres?

«Todos los chicos a mi alrededor estaban formando grupos y tenían héroes a los que admirar. Pero yo no tenía a nadie. No quería parecerme a, ni ser, Joni Mitchell. […] Entonces me di cuenta de que no necesitaba tener un héroe, podía coger mi guitarra y tocar. La cuestión no es tanto por qué empecé a tocar, sino por qué no lo hice antes.»

Viviane Albertine, The Slits

Uno de los aspectos más positivos del punk es su origen multicultural y racial. En este contexto, era inevitable que las mujeres tuviesen la oportunidad de participar como artistas y músicas, de desarrollarse en un ambiente sin reglas ni prejuicios. Una liberación natural, sin embargo, que en muchos casos se desvaneció en los años ochenta. 

Vivien Goldman nos recuerda que las mujeres estuvieron ahí, no solo como público, sino como compositoras, cantantes y agitadoras. Junto a nombres tan conocidos como Blondie, Patti Smith o Chrissie Hynde, encontramos a Poly Styrene (cantante de X-Ray Spex), The Slits (imprescindible influencia para la ola punk de los noventa), The Raincoats, Au Pairs, Delta 5, Lizzy Mercier Descloux (interesantísima cantautora, poeta y pintora) o incluso las bilbaínas Vulpes, por nombrar a algunas de las referencias de aquellos años. Todas ellas fueron pioneras en un estilo musical visceral y masculino, en el que no tenían una referencia de su sexo, y que estaba muy alejado de todo lo creado hasta entonces. Su música y su libertad creativa ejercieron una influencia indudable en el movimiento riot grrrl de los noventa.

¿Y de qué hablaban estas mujeres? Muchas de las letras de sus canciones chocaban con el concepto femenino de la época. Trataban sobre el amor como arma social y del rechazo a someterse en una relación, el miedo a crear un hogar, el trabajo, el dinero… El punk era el vehículo perfecto para expulsar la rabia y la frustración del feminismo, que también aportaba un valor diferencial al contenido del movimiento.

«Cuando entrevisto a Stevie Nicks, Gladys Knight o las Raincoats, cerca del 50% de la conversación gira en torno a los sentimientos, las emociones. Eso es casi un 50% más que cuando entrevisto a hombres.»

Vivien Goldman

Herederas de aquellas primeras mujeres punks, bandas como Bikini Kill (lideradas por Kathleen Hanna), 7 Year Bitch, Sleater-Kinney o Tribe 8 retomaron el testigo en los años noventa. La canción “Rebel girl” de Bikini Kill se convirtió en un himno para las mujeres de esa generación, que gozaron de una relativa igualdad de oportunidades a la hora de formar una banda.

La violación y asesinato de Mia Zapata, cantante de The Gits, cuando volvía a su casa una noche de 1993, supuso un golpe de realidad a la comunidad feminista, pero también ponía en evidencia el grave problema social de la violencia contra las mujeres. En los conciertos de muchas de estas artistas se reivindicaba el papel de la mujer de forma activa, repartían fanzines con contenido feminista y político y se pedía a las mujeres asistentes que ocuparan las primeras filas del público en lugar de los hombres. Un ataque frontal contra el patrón musical establecido y que recibió no pocas críticas por parte de la prensa.

«En los setenta, los grupos de concienciación feminista no se convirtieron en bandas punk. Las riot grrrls eran más políticas, nosotros solo luchábamos por nuestra esquinita, intentando darle sentido a nuestra vida, en vez de atacar el patriarcado.»

Gina Brich, The Raincoats

Muchos de estos grupos se disolvieron a mediados de los noventa, aunque algunas de sus componentes continuaron su labor política y musical en otros proyectos. La transformación del mensaje riot grrrl en el girl power de las Spice Girls edulcoró el movimiento y lo convirtió en un producto de consumo apto para las masas y, sobre todo, para la industria, que consiguió grandes beneficios económicos sin ver amenazado su liderazgo masculino.

Quizá la parte menos interesante de esta recopilación sea la que se refiere a la época actual, en la que el punk no tiene tanta relevancia social o musical. Aún así, merece la pena dedicar un espacio a estos nuevos grupos surgidos por todo el mundo (incluso en China hay grupos de punk formados por mujeres), y también reconocer el valor político de las acciones del colectivo artístico ruso Pussy Riot.

La venganza de las punks salda una deuda con la historia de la música punk creada por mujeres. Es una recopilación interesante y enriquecedora, tanto musical como narrativa. Los testimonios de las artistas, entrelazados con el hilo de Vivien Goldman, resultan imprescindibles para comprender y valorar el camino recorrido por todas ellas.

¿Por qué la recomendamos?

Porque es un recorrido fundamental por la historia femenina del punk, sobre todo en sus inicios, y reconoce el valor de las mujeres en los comienzos del movimiento. La selección de artistas a lo largo del tiempo y la geografía nos debe hacer reflexionar sobre la relevancia de la aportación de las mujeres a este género musical.

Destacamos…

La canción «The boiler», de Rhoda Dakar con Special AKA, en la que relata una cita que termina en violación. La suave melodía reggae, casi alegre, contrasta con el tono cada vez más amargo que toma la letra a medida que avanza la canción:

I went out shopping last Saturday
I was getting some gear, and this guy offered to pay
Who’s the hunk? I think to myself
For so many years I’ve been left on the shelf
An old boiler

Then we went walking back down the high street
And I felt so proud because he looked so neat
He was a real hard man, tough as they come
He said I was cool but I still felt like
An old boiler

He bid me «Come out», how could I say no?
He said «Meet me at eight round my place, you know»
With my new gear on, and a blow dried hair-do
But in my mind I knew I was sill
An old boiler

We danced all night long to a nice steady beat
But my hair went to frizz in the terrible heat
My mascara ran, and so did my tights
Confirming in my sight, I must be
An old boiler

So we came out this club, hot and sweaty
Because we’d been dancing all night
And he says to me «Well babe, what you doing then?»
«Well I think I might get a cab» I said casually
«Nah nah, come back to my place, I only live just round the corner
You can go home in the morning, yeah?»
«Well I don’t think so, I’ve only known you a day, It’ a bit soon innit
Give me a ring sometime yeah?»

But then he starts to get mad
«Listen here girl, I bought that gear you got on, I paid you in here tonight
I bought you all them drinks and you wanna go home, I should bleedin coco»
And then he stormed off

Well, I felt a right mug, well you would wouldn’t you
So I ran after him, caught him up
And here we are walking down this street about a hundred miles per hour
Arm in arm, no talking, atmosphere you could have cut with a knife

There’s no-one about, nothing to take your mind off it you know
No cars, not even the occasional stray animal
It was cold and the wind’s whistling through the tree’s
Blowing newspapers accross my legs so I tripped as I tried to keep up with him
And there was all these alleyways and railway bridges, the stink of piss

The all of a sudden he grabbed hold of my arm
And he starts to drag me up one of these alleyways
Then he starts to hit me really hard across the face, you know
He was hitting me and grabbing at me
It was awful because he was, like, so big
Hitting me he was, and tearing at my clothes
There was nothing I could do honest, I was helpless
And then he tried to rape me, and there was nothing I could do, honest
All I could do was scream…

NO!!!!!!!

Si te gusta este libro…

… No te pierdas el documental «The punk singer», sobre Kathleen Hanna, cantante de Bikini Kill y Le Tigre:

feminismo punk Siglo XX Vivien Goldman


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